“Primitive” Anti-Semitism Is A Danger that All Argentinians Must Fight Against

Below is a brief translated synopsis of op-ed by SWC Latin American Director, Sergio Widder appearing in Perfil.com, October 1, 2011
 
•A recent attack against an Orthodox Jew in Buenos Aires, while he was walking to thesynagogue on the Shabbat prior to Rosh Hashanah was an example of the most primitive antisemitism.

• Very often, people dismiss such attacks as “isolated” and that the perpetrator is described as a “lone madman”, with no ties to any neo-Nazi or extremist group.

• The truth is that “lone madmen” are dangerous and not only because Nazism started as a marginal group. We must remember that only two months ago, a “lone madman” butchered 77 people in Norway.

• Such “madmen”—known also as “Lone Wolfs” now use the Internet to promote hate, learn how to act in terroristic fashion and sometimes even leave testimony of their atrocities. To date, there is no evidence to link the attacker to the Internet, the perpetrator didn’t seem to care about the security cameras that recorded his face.

• We need a strong response from political leadership in order to prevent such blatant attacks in the future. A good place to start is by the police identifying and arresting the “lone madman” and for the judicial system to prosecute him to the full extent of the law.
 

VIOLENCIA EN FLORES

Antisemitismo primitivo

Por Sergio Widder

El ataque del último fin de semana contra un judío ortodoxo que se dirigía a su sinagoga al finalizar el shabat (día de descanso semanal) fue una manifestación de un antisemitismo absolutamente primitivo. Cuando se producen agresiones inspiradas en el odio racial, religioso, de género, o contra cualquier grupo vulnerable, surge de inmediato la tentación de racionalizar y tratar de comprender por qué sucedió ese hecho. Esto responde a una necesidad que tenemos de encontrar una explicación que, aunque no justifique, nos permita entender. Y cuando las explicaciones no aparecen, entonces es también habitual recurrir a una argumentación que, sin alejar el riesgo, modera nuestros temores: “es un loquito suelto, no hay que darle mayor importancia”.

En el caso que nos ocupa, no sabemos aún (al momento de escribir estas líneas) si la agresión respondió únicamente al odio antijudío, si hubo motivaciones de otro tipo, si el agresor actuó por cuenta propia, si pertenece a alguna agrupación neonazi u otro grupo radicalizado, si tuvo cómplice/s, si fue contratado por un tercero (no sería la primera vez: recordemos que años atrás dos jóvenes de una villa miseria lindera al cementerio judío de La Tablada declararon que habían recibido unos pesos para saltar el muro del predio y destruir algunas tumbas).

Lo único que sabemos hasta ahora es que una cámara de seguridad lo registró, y que existen, por lo tanto, elementos para identificarlo y abrir contra él las actuaciones que correspondan. Dado que los testigos coinciden en remarcar sus insultos antijudíos, sus anhelos de “pelear con un judío” e “incendiar la sinagoga”, las lesiones que le produjo a uno de los miembros de esa congregación se encuentran indudablemente agravadas dentro del marco de la ley antidiscriminatoria.

Quisiera volver por un momento sobre la hipótesis del “loquito suelto”, sin encuadre orgánico ni político. Pese a que, en un principio, este escenario aparecería como menos amenazante, la realidad nos indica que debemos estar muy alertas. No sólo porque, como bien sabemos, el nazismo fue, en sus orígenes, una agrupación marginal. No debemos remontarnos noventa años atrás. Recordemos lo que sucedió hace apenas un par de meses en Noruega, cuando Anders Behring Breivik, “un loquito suelto”, masacró a 77 personas.

Estos asesinos solitarios no se ocultan. Algunos, como Breivik, eligen exponerse a través de Internet. Otros, como el agresor del barrio de Flores, quedan expuestos por las cámaras de seguridad. Es legítimo preguntarse si en este caso la existencia de esa cámara le era desconocida o si la había visto pero no le importó.

Es imperioso que las actuaciones judiciales permitan una inmediata identificación y un procesamiento. La información acerca de los avances que pudiera haber debe difundirse de modo amplio y transparente, para sentar un precedente y contribuir a la disuasión. Cualquier agresor potencial debe saber qué riesgos enfrenta.

También es importante una respuesta enérgica por parte de los sectores políticos. Cuando se hicieron públicos los manejos de Sergio Schoklender con los fondos del Estado canalizados a través de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, hubo una reacción inmediata: la dirigencia política señaló, con absoluta justicia, que no se debía utilizar ese caso para contaminar la causa de la lucha por los derechos humanos. Pocos días más tarde, Luis D’Elía sugirió que los responsables eran “todos paisanos” y que Sergio Schoklender sería un “agente del Mossad”. Fueron muy pocos los que dijeron, entonces, que no se debía utilizar el caso como pretexto para promover el antisemitismo. Frente al discurso de odio, la respuesta debe ser contundente.

Por eso, también es fundamental que haya una resolución rápida y transparente para el caso del agresor de Flores, y que la clase dirigente se pronuncie de modo enfático.

Pasada la festividad de Rosh Hashana, el Año Nuevo judío, hacemos votos y comprometemos nuestro esfuerzo y dedicación para que el ciclo de vida que se reinicia nos encuentre conformando una sociedad más tolerante y respetuosa de la diversidad.

 

*Director para América latina del Centro Simon Wiesenthal.